Tuesday, November 08, 2011

Compartir

A partir del momento de nuestra gestación compartimos la vida física con el cuerpo de nuestra madre. Una vez fuera del seno materno se amplia el espectro a nuestra familia. Todos en medidas diferentes, compartimos nuestra vida con los demás. Cuanto más se comparte, mayor es el aprendizaje.

La experiencia más importante para compartir es la experiencia de padres e hijos donde claramente se ve expresado el amor que existe entre ambos. Si como ocurre en muchos casos, el niño se ve privado de experimentar el amor de los padres, ello lo llevará inevitablemente a una distorsión en su percepción acerca de casi todo, de sus padres, de las personas en general, de las relaciones y del mundo. Todo se torna difícil para ese niño que no tuvo la oportunidad de experimentar el amor de padres biológicos o substitutos.
Pensemos por un momento que ese amor y ese afecto que nuestros padres nos dispensaron de pequeños (aunque imperfecto) nos humanizó.

Compartir nos humaniza.
Compartir nos hace darnos cuenta de que a todos nos ocurren cosas similares y que todos recorremos el mismo camino de deseos, sueños, ilusiones y miedos.
Compartir nos permite conocernos un poco más.
Compartir con los demás aquello que nos ocurre, hace que todo resulte más fácil.

Algunos piensan, equivocadamente, que “interactuar y compartir” es sinónimo de pérdida. Nada más alejado de la realidad. Aquello que compartimos sea bueno o malo según cada uno de nosotros lo signifique, lo extendemos. Y aquello que extendemos siempre vuelve a nosotros multiplicado.

En síntesis, compartir nos humaniza, nos permite aprender y hace más fácil nuestra vida, extendiendo nuestras experiencias hacia todos aquellos con quienes interactuamos.

0 comments: