Saturday, October 16, 2010

Carga Emocional

Te has preguntado alguna vez ¿por qué te resulta tan difícil desprenderte de objetos, libros, muebles, cds, recuerdos e incluso de propiedades una vez que han ya cumplido su ciclo de utilidad en tu vida? Simple. Por su carga emocional.
El origen de cómo llegan los objetos a nuestra vida es variado. Cada cosa responde a un época, tiene su historia y con ella va acompañada su carga emocional.
Cada vez que elijo lucir esa cadenita que mi abuela me regaló cuando era pequeña, evoco en mi mente el recuerdo del momento en que me la regaló con detalles, palabras y gestos incluídos. Esa cadenita representa para mí, mi abuela en mi mente. ¿Qué sucedería si la perdiese, me la quitaran o si simplemente un día decido que no forme más parte de mi colección de recuerdos familiares?
Objetivamente, no sucede nada. Lo primero, es poder separar el objeto de su carga afectiva, es decir, separar la cadenita de mi abuela. Una cadenita es sólo eso, una cadenita. Puede tener más valor monetario si es de oro que si es de plata, pero el afecto con el que me fue regalada es lo que constituye su carga emocional y es lo que la hace importante para mí. Es agradable conservar objetos cargados de buenos recuerdos, lo que sucede es que llega un momento en que -con el pasar de los años- sin darnos cuenta, llegamos a vivir rodeados de objetos recuerdo. Y... vivimos tan apegados a las cosas con sus correspondientes cargas emocionales, que sin darnos, todos esos objetos nos mantienen atrapados en el pasado... Es como si las hojas de los árboles no se quisieran desprender de las ramas para seguir con su ciclo de reciclado natural...imposible!!! Las hojas necesitan desprenderse de sus ramas (es decir sus casas) salir volando, caer al suelo, que el suelo las absorba y así seguir su camino para volver a emerger como nuevos brotes en la primavera siguiente.

Tendemos a vivir rodeados de objetos, no tanto porque los necesitemos ni los usemos todo el tiempo, sino por la compañia emocional que nos proporcionan... Fui una persona que al emigrar de país traté de mantener conmigo una cantidad considerable de pertenencias personales por bastante tiempo (sentía que todos esos objetos hablaban de mí y eran parte de mi vida, lo cual es cierto) pero luego, las diferentes circunstancias y mi propia evolución interior me mostraron que podía vivir igual con "los mejores recuerdos en mi mente" sin necesidad de andar trasladando de un lugar a otro esa cantidad de pertenencias (con todo el desgaste económico, físico y el gasto emocional que ello implica). Además experimenté que los libros se tornaron amarillos, los cassettes quedaron fuera de moda, etc. y que a la larga, todas esas cajas representaban en mi vida "obstáculos" para seguir avanzando y evolucionando. De a poco y a través de un lento proceso "mucho" se ha ido. Lo importante es auto-respetarse "los tiempos internos de maduración". Preguntarse: ¿puedo vivir sin esto? Habrá cosas de las que podremos prescindir y estará bueno soltarlas y que sigan su camino, en tanto que otras -a las que todavía nos sentimos apegados y no listos para soltar- las conservaremos. Todo llega. Lo maduro es vivir una vida rodeada de objetos que nos satisfagan y que representen para nosotros buenos recuerdos y buena carga emocional, si ello no ocurre, lo mejor es deshacernos de ellos -cuanto antes- afín de crear el espacio necesario para recibir todo lo nuevo.

Los museos son lugares de paso que las personas visitan, pero nadie vive en ellos. Que tu casa y tus pertenencias sean fuente de vida y buenos recuerdos.

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