
Hoy recibí un mail con fotos; a medida que las observaba, la que puedes ver aquí arriba acaparó mi atención de manera especial porque simboliza con claridad lo que pienso: La vida se trata de un delicado equilibrio.
Con el correr de los años y a partir de nuestras preferencias, gustos y talentos, vamos aprendiendo a tomar decisiones. Lo inteligente es tomar esas decisiones haciendo un balance entre nuestro mundo interno y las variables externas (que nos agobian…). Ambas direcciones tienen importancia; la clave radica en mantenerlas en equilibrio. La ecuación más recomendable entonces es la que contempla en un 50% nuestro mundo interno, la conexión con nuestra voz interior, nuestros deseos, seguir nuestra pasión y en otro 50% las variables externas de nuestra vida, tales como el cuidado de nuestra salud, el trabajar para procurarnos nuestro sustento, atender nuestras obligaciones diarias, cultivar nuestras relaciones interpersonales, etc. Aunque tratemos de mantener esa ecuación en equilibrio, siempre una de ellas prevalecerá por sobre la otra en diferentes momentos.
Piensa y analiza si las decisiones que tomas a diario se acercan a ese "equilibrio" que únicamente tú eres capaz de determinar.
Lo importante es que te des cuenta de que cualquier extremo es malo y no te producirá un bienestar genuino. Si la balanza está demasiado inclinada hacia tu mundo interno, te aislarás del mundo y desatenderás tus asuntos personales; si en cambio, se encuentra orientada hacia las variables externas de manera exagerada, sentirás un gran vacío interior y falta de paz.
Lograr ese equilibrio es un arte que se aprende con el tiempo. Sólo necesitas estar dispuesto/a a trabajar con esmero y paciencia para mantener la balanza equilibrada. Como ya dije, la clave de la vida consiste en lograr ese equilibrio.


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