El poder del pensamiento es el poder más grande que el ser humano tiene a su disposición. El pensamiento es lo que gobierna nuestras vidas. Si piensas pensamientos positivos, crearás en tu vida buenos hábitos y experiencias positivas. Si por el contrario piensas en negativo, tus hábitos tomarán siempre una dirección equivocada y tus experiencias estarán lejos de ser positivas.
Un hábito se construye todos los días por repetición. Un hábito se aprende, pero lo maravilloso es que puedes reemplazar un viejo hábito – que ya no te sirve o no te brinda satisfacción – por otro nuevo, que trae bienestar a tu vida. Revisa qué hábitos pueblan tu mente y fíjate si debes remover alguno.
Déjame compartir contigo algunos hábitos que pongo en práctica al iniciar cada uno de mis días:
Primero: apenas despierto en la mañana, agradezco a Dios por el nuevo día.
Segundo: le doy un vistazo al servicio meteorológico, pero sólo desde el punto de vista práctico. Me predispongo de manera positiva, cualquiera fueren las contingencias de la naturaleza (aunque todos tenemos preferencias en materia climática, aquí se trata de adiestrarnos para pensar sólo en positivo). Y si hoy tengo que llevar paraguas, aunque no me agrade, lo tomo como un trofeo y dejo que me acompañe durante mi día, desplegándolo con firmeza y seguridad en caso de que una lluvia torrencial me atrape en el camino.
Tercero: me preparo para realizar mi tarea del día, me sienta o no de lo mejor… Trato de hacerme un cuadro mental de lo que quiero lograr, me predispongo para poner lo mejor de mi misma y me mantengo flexible y abierta para aceptar los cambios que mi jornada pueda experimentar.
Cuarto: comienzo mi tarea diaria con energía, alegría y con una actitud positiva. Si llego a la estación y mi tren fue cancelado, lo acepto y busco la alternativa más simple y eficiente para llegar a destino, usando mi propio criterio. Evito caer en la trampa de sumergirme en pensamientos negativos porque la única perjudicada sería yo misma. Si me enojo, mi sistema nervioso se tensa y pierdo mi natural sensación de bienestar, perdiendo consecuentemente claridad mental y energía. Además, me veré obligada a ingerir alguna píldora para calmar mis nervios, mi dolor de cabeza, mi malestar estomacal o para manejar mi ansiedad, con los efectos contraproducentes que eso conlleva. No me dejo sugestionar por la situación y actúo si miedo.
Quinto: al final de la jornada, antes de ir a dormir, agradezco nuevamente mi día. Si fue maravilloso, lo haré con alegría, pidiendo que se repita; si fue un día ordinario, agradezco con naturalidad y si fue un día realmente difícil, lo hago perdonando cualquier situación negativa que haya tenido que experimentar y tratando de descubrir qué es lo que tengo que aprender de aquella situación. Sé que nada me ocurre por casualidad y trato siempre de comprender cuál es la lección que necesito aprender de cada experiencia –buena o mala– que ocurre en mi vida.
Sabiendo que la clave está en pensar de forma positiva, puedes enfrentar cualquier situación que se presente en tu día, de manera productiva. Tu actitud positiva, tu recto pensar, es la herramienta más poderosa que tienes al alcance de tu mano. No necesitas más que una firme determinación para convertirla en un hábito.
Piensa en positivo y descubrirás una nueva –mejor– forma de vivir y de lograr tus objetivos.
Thursday, March 11, 2010
Subscribe to:
Post Comments (Atom)


0 comments:
Post a Comment